Secretariado de Peregrinaciones de la Diócesis de Jaén - Crónica de la Peregrinación a Turquía
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Crónica de la Peregrinación a Turquía PDF Imprimir E-Mail

“TRAS LAS HUELLAS DE SAN PABLO”

     No podía haber una mejor forma de concluir el “Año Santo Paulino” que teniendo la oportunidad de pasear por la misma tierra a la que el apóstol de los gentiles emprendió sus numerosos viajes, llenos de peligros, pero con un solo objetivo: la predicación sin descanso de las riquezas de Cristo.
     Partimos de Jaén la madrugada del 21 de agosto y, tras un largo viaje, llegamos a Kusadasi, ciudad cercana a Éfeso, donde al día siguiente tuvimos la oportunidad de visitarla. Las ruinas de la basílica de San Juan y la casa de la Virgen, donde celebramos la Eucaristía, dieron lugar a una mañana muy  emotiva. Por la tarde visitamos las ruinas de esta impresionante y antigua ciudad donde destacaba la conocida biblioteca de Celso.

     Los días siguientes visitamos las ciudades de Priene, Mileto, Dídima, Pamukkale y Kenya. Teatros, anfiteatros, museos y esculturas, nos llevaron a introducirnos en la densa y rica historia de estos lugares donde las distintas civilizaciones y los avatares de la historia han dejado un vestigio admirable para la humanidad.
     La región de Capadocia, cuna de la vida monástica, nos sorprendió a todos, tanto por su espectacular paisaje, como por ser el lugar donde tres Padres de la Iglesia influyeron para solucionar la “crisis arriana”. La ciudad subterránea de Kaymakli con sus infinitas galerías, plantas y capillas, nos dio una idea de cómo vivían nuestros antepasados cristianos perseguidos por el poder civil.
     Lógicamente, la ciudad de Tarso cobraba un papel especial dentro de nuestra peregrinación. En el mismo lugar donde San Pablo vio la luz, pudimos celebrar la Eucaristía en una preciosa Iglesia perfectamente restaurada con motivo del año jubilar, enclavada en una gran ciudad donde apenas viven setenta y cinco cristianos. Antioquia, lugar donde se comenzó a llamar cristianos a los discípulos de Jesús y, donde Pablo y Bernabé iniciaron sus viajes, es una ciudad llena de arte. Visitamos el museo arqueológico, celebramos la Misa en la Iglesia de San Pedro, custodiada por los Padres Franciscanos, siendo la única presencia cristiana de la ciudad. Concluimos el día visitando la “gruta de San Pedro”, donde el Apóstol predicaba a los cristianos afincados en esta región.
     El colofón de estos días intensos, de un lado para otro, e intentando sacar el máximo partido al tiempo, fue la gran ciudad de Estambul, la antigua Constantinopla. Fue allí donde, tras el concilio del 381, se aclaró que la fe cristiana cree en un solo Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. La diversidad de la ciudad se palpa por todos los rincones. Lugares llenos de contrastes, comerciantes, bazares y un sin fin de idas y venidas de los que practican la religión islámica. Nuestra visita coincidió con el ramadán, por lo que observamos la estricta observancia de muchos musulmanes residentes en la ciudad, acudiendo a la oración a las horas habituales.
     No obstante, en Estambul visitamos tres grandes templos en los que también pudimos compartir la celebración eucarística con los cristianos del lugar. Las miles de posibilidades que ofrece la ciudad nos permitieron que también tuviéramos la oportunidad de viajar en barco por el estrecho del Bósforo, cruzando los grandes puentes que comunican las partes de la ciudad. Las visitas a la famosa “mezquita Azul”, la Iglesia-museo de “Santa Sofía”, la gran cisterna del siglo VI y el Palacio de Topkapi, iban poniendo fin a estos once días de peregrinación por este gran país que une oriente y occidente.
     Como en toda peregrinación, además de disfrutar con las visitas, el ambiente de fraternidad y de Iglesia es el motivo más importante por el que el viaje cobra su sentido pleno. Noventa y seis peregrinos, entre los que viajaban ocho sacerdotes y el Sr. Obispo de Jaén hemos tenido la gran oportunidad de conocer muy de cerca lugares tan importantes y emblemáticos en los inicios de nuestra fe. La combinación entre fe y cultura ha sido una de las características más notables del viaje. Regresamos a nuestros hogares con el gozo de haber tenido una gran oportunidad de encontrarnos con nuestras raíces cristianas, de sentirnos comunidad de hermanos y, sobre todo, dando gracias a Dios por habernos permitido vivir esta intensa experiencia que, sin duda, recordaremos siempre.

     Manuel Jesús Casado Mena. Sacerdote.
 
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Ya se puede recoger en la portería del Obispado el DVD con las fotos de las Peregrinaciones realizadas en el verano de 2010

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