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Crónica de la Peregrinación a Tierra Santa

Muchas gracias

     El subtitulo "gracioso" no es porque nos riéramos mucho que también lo hicimos, sino porque ha sido una gracia el haberlo podido realizar. El título me ha venido a la mente porque lo poco que entendí en el viaje de ida y vuelta en las explicaciones  de la azafata del avión, era el saludo final. Terminaba diciendo:  tôdah (gracias).

 1. Ha sido una peregrinación. 
 
     Y si no, que nos lo pregunten a los que subimos aquella madrugada al Monte Sinaí. Subir a aquella montaña de una altura de dos mil doscientos ochenta y cinco metros de altura- yo no los medí, pero así lo he visto en los libros-, con aquellos últimos seiscientos escalones, con el murmullo de “camelo, camelo”, con la fuerzas que te fallan. Y en la altura,  que cada uno piense. Quizá había demasiado gente para hablar con el Señor, pero lo habíamos hecho mientras subíamos, lo hicimos en la bajada... Fue una peregrinación porque casi nos perdemos cómo los hebreos cuando el coche naranja se averió en medio del desierto y más de uno clamó aquello de los judíos cuando salieron de aquella tierra: ¿porqué no me había quedado en casa sin tener que trasladar tantas maletas? ¡Qué gozo de bocadillos de jamón y con una cerveza más barata! 

     Pero para en cada uno de los que hemos realizado el viaje,  con espíritu de encontrarnos con las raíces históricas del cristianismo, ha habido momentos en los que nuestra adhesión a Jesús se ha hecho más cercana. No ha sido un viaje en los que se ha explotado el sentimiento, pero cada uno ha tenido ocasión,   y  así  habrá sido,  de experimentar un gozo especial, una situación especial. Para mi podía haber sido el momento de la celebración de la Basílica de Encarnación, treinta y nueve años después de haber sido ordenado presbítero, para otros pudo ser el momento de Caná donde pudieron  recordar los años que les ha concedido el Señor de vivir unidos bajo su yugo. Otro puede que sintiera un momento  gozoso en la travesía del lago, o tal vez en Getsemaní. Para mi fue especialmente rico el Viacrucis que habíamos preparado de manera diferente y que el Padre nos regaló la lectura del Viacrucis de Michel Quoist, del libro Oraciones para rezar por la calle, un libro que data de los años sesenta. El relato de la Pasión y el largo rato en la Iglesia de los Franciscanos en el Santo Sepulcro fue para mi una gracia del Señor.

      Visitamos diversos lugares, aparte  del lugar de  la multiplicación de los panes y los peces, el entorno de la casa de Pedro, los ya mencionados de Galilea, subimos al Monte Tabor, nos paramos a renovar nuestro compromiso bautismal en el Jordán y recorrimos los lugares más significativos de Jerusalén, al igual que Belén, celebrando la Eucaristía en el Campo de los Pastores.

      Ya he dicho anteriormente que cada uno habrá recibido del Señor la gracia en un momento concreto. Es verdad que,  dada la circunstancia de este viaje que abarcaba también Egipto y Jordania,  ha hecho que hayamos omitido algún lugar, como el Monte Carmelo o Ain Kharim, pero el objetivo de Peregrinación creo que se ha logrado.


 2. Un viaje cultural y de recreo.

     En un viaje de estas circunstancias,  no se trata sólo de rezar, sino también de aprovechar para adquirir mayores conocimientos. El que es más joven se va empapando de lo que se le va mostrando. Hoy, al tener más medios, podemos recordar y ampliar esos conocimientos después del viaje. Otros, la sola contemplación es motivo de gozo. Desde la frondosidad de los campos cuidados, pasando por la contemplación del lago donde estuvo el Señor, el poderse uno bañar en esas mismas aguas... y embadurnarse en las aguas “flotantes” del mar Muerto.

     Hemos estado en el lugar en donde, según la tradición, Dios reveló su nombre a Moisés, en aquel santuario ortodoxo, el lugar en donde Moisés recibió “Las diez Palabras” Los diez Mandamientos en el Monte Sinaí, aunque muchos prefirieron el descanso tras la travesía del desierto y de la frontera israelí-egipcia. Hemos conocido lo que es el Desierto... y también la pobreza de un pueblo vive junto al Desierto y la prosperidad.

     Hemos conocido la cultura nabatea en el Valle de Petra. Hemos sido unos privilegiados de haber conocido esa bella nación que es Jordania. Es verdad que solo hemos visto Amman, Gerasa,  con ese Foro Romano que yo no había visto otro mejor conservado y con la peculiaridad de su “plaza” central. Madaba y el Monte Nebo que ya habíamos vislumbrado desde el hotel de Petra. Un lugar, donde merece la pena también volver y desde allí subir a Damasco...

     En una crónica de este tipo, no se trata de hacer un diario ni narrar todo lo que vimos y disfrutamos. No puedo dejar de mencionar en este contexto cultural, el lugar último de resistencia de los hebreos con respecto a los romanos que fue la fortaleza de Masada, lugar que el pueblo actual israelí venera como lugar de su identidad, al igual que es el Muro Occidental.  Es verdad que otros lugares, como Qumrám,  lo vimos de pasada, y otros que he dejado de mencionar.

     He titulado este apartado “cultural y de recreo”. En el aspecto cultural he trazado algunas líneas que nos recuerden estos días de convivencia que tuvieron un momento álgido en la llegada al Hotel Ambassador de Jerusalén y pudimos  contemplar, gozar, después de sufrir hasta la prórroga, la victoria de España - Sefarad 1 Holanda 0.

     También tuvimos la suerte de unos guías competentes, amables y que nos enseñaron “esa cosa” que es Tierra Santa. Esa frase entrecomillada es un homenaje a Elías, el guía del coche blanco.

 

 3. Unos días de convivencia sana.

    No es fácil organizar y llevar a cabo un viaje de estas características. Cada uno podrá haber observado algún fallo que los ha habido, pero yo quisiera resaltar la serenidad y prudencia con que nuestro Responsable D. Julio nos ha llevado, salía al frente de las dificultades y respondía con amabilidad, cuando en algunas ocasiones la respuesta hubiera merecido otro tono. Es verdad que los responsables de Viajes Halcón que era la primera vez que lo hacían con el Obispado, su colaboración fue creciendo conforme avanzó el viaje e hizo posible su feliz desenlace. No quiero dejar de mencionar a mis otros compañeros sacerdotes, sobre todo a D. José que supo realizar de forma callada su tarea. Cada uno hicimos lo que pudimos y el Padrecito también con su humor y su amor a la “madre patria” nos hizo ameno el tiempo que nos acompañó. 

     En un viaje de este tipo, con tantas personas, -a lo mejor mi apreciación es muy subjetiva-, creo que en mi visión particular he decir algo que no me había ocurrido casi nunca; en muchas ocasiones he deseado que el viaje acabara ya. En esta ocasión se me ha hecho corto, excepto en el latazo de tanto cambio de maleta y de paso de fronteras. Pero como nos lo habían puesto tan difícil, resultó menos molesto; bueno, el triunfo de España también ayudó. Siempre recordaremos que estando en Jerusalén, un 11 de Julio de 2010, España alcanzó a ser Campeona del Mundo de Futbol. En todos los periódicos de Israel, al día siguiente la noticia era Sefarad 1,  Holanda 0.
 

4. Conclusión.

     Cuando el domingo 18 celebramos la Eucaristía en la “casa” de los Franciscanos, el broche no pudo ser mejor. Aquella misa en árabe que ninguno entendimos, pero que nos hizo estar cerca de aquel grupo de niños y niñas que terminaban sus colonias, fue un momento de gozo, junto a sus padres; con aquellos cantos y escenificaciones que nos hizo comprender lo que era la comunión. Parecía que estábamos en nuestra parroquia cuando han terminado las colonias de nuestros chicos. Lo único que nos extrañó, no se si lo visteis todos, es que el Padre, cuando se acercaban a  recibir la comunión, los niños que acompañaban a sus padres y no habían hecho la “Primera Comunión”,  les ponía el copón patena sobre su cabeza. Fue un bello gesto que nos hizo ver que la Iglesia es católica. Todo igual en lo esencial, pero cada iglesia con sus peculiaridades, la lengua, los cánticos, los gestos...

     Después aquellos kilómetros que nos separaban desde Jerusalén a Tel aviv, camino del aeropuerto Ben Gurion, fueron muy bellos. Nos montamos en la aeronave tras los pasos de rigor -ya estábamos acostumbrados- , a seguir comprando, tras tomar un pequeño refrigerio; algún regalo que nos faltaba y con la intención de dejar el último shekel, los euros, si es que quedaba alguno, nos tenían que servir para acabar el mes, pero al menos teníamos la esperanza que la cerveza no nos iba a costar 6€ como en Jordania.

     Gracias a Dios llegamos, aunque fuese cansados, a nuestra querida Jaén. Habíamos  estado en el lugar donde comenzó el Pueblo de Dios, habíamos visitado el lugar donde la Palabra se hizo carne..., habíamos recorrido los lugares por donde Jesús pasó haciendo el bien, contemplamos los lugares de Pasión y Muerte, y oramos en los lugares donde los cristianos conmemoramos el Paso de este mundo al Padre de Jesús. ¡Ojalá en una próxima ocasión podamos visitar los lugares por dónde Pedro y Pablo, sobre todo Pablo, continuó la labor evangelizadora de “Id por todo el mundo anunciando la Buena Nueva”.

     Gracias también a todos los que han hecho posible que estos días hayan sido de gracia, porque muchos en el anonimato hicieron posible que cada uno volviéramos a casa en la paz del Señor. 

     Francisco de la Torre Tirado, Párroco de San Juan de la Cruz de Jaén